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Por razones ajenas a nuestra voluntad, no fue posible insertar mi artículo en la página el viernes de la semana pasada. Ahí hablaba de que después del paseo que nos propinó el Flamengo en el “Azteca”, el ilustre Rubén Omar Romano tuvo a bien hacernos válida ¡por fin! su renuncia y abandonó el barco, como vil rata, cuando ya estaba a punto de hundirse. ¡Cuántas cosas han pasado desde entonces! Y aunque parezca imposible, ahora podemos sonreír y no andar con caras largas como en las semanas anteriores…
Me molestó en su momento que la directiva americanista, tan accesible, no tuviera empacho en aceptarle la renuncia al argentino, cuando si tuvieran un poco de pantalones, todos, debieron haber tomado la decisión de que cumpliera hasta el último momento su responsabilidad con el club, es decir, esperar al final del torneo Clausura 2008 el domingo pasado ante Monterrey, y el juego de vuelta de la Libertadores contra los brasileños en Río de Janeiro.
Hace una semana hubiera sido capaz de cachetear a Romano, por cobarde, pero hoy le digo: ¡gracias, Rubén Omar, por abandonarnos, aunque tarde! Todo queda atrás luego de la heroica demostración de este miércoles en el “Maracaná”, donde se logró en forma categórica e irrefutable el impensable 3-0 que se necesitaba para remontar y pasar a los cuartos de final de la Libertadores. Todo fue que llegara Juan Antonio Luna para que, en cuestión de días, cambiaran radicalmente las cosas, al grado de que en sus dos participaciones ha logrado la victoria y sin recibir gol en contra, pero sobre todo, armando al equipo de una manera tal que ya no parece esa caricatura que nos tuvimos que chutar durante los últimos meses. ¡Ganamos a lo América!
Sin embargo, quedan muchas preguntas, pese a los aires de victoria que se respiran ahora: ¿por qué Romano decidió irse ahora cuando su salida la venimos pidiendo todos desde hace por lo menos un mes?, ¿por qué no cumplir hasta el final su responsabilidad, cuando todavía hace unos días resoplaba seguridad, pedía paciencia, argumentaba pretextos y decía que “había esperanzas”, y que estaba haciendo todo lo posible “por revertir la situación”?, ¿por qué correr hoy, abandonando a los jugadores, que, aún siendo muchos de ellos indignos de vestir la playera americanista, eran, finalmente, “sus” jugadores?
Señor Romano, con esta actitud acaba usted de demostrarnos lo cobarde que es, lo convenenciero que nos resultó; se hartó del juguetito y lo tiró. Hasta un día antes del juego en el “Azteca” ante los brasileños se aferraba con uñas y dientes a la banca de nuestro amado equipo, incluso repetía como perico que deseaba ser “incluido en la reestructuración”. Se le partía el plantel en pedazos y seguía terco con sus pretextos, pidiendo paciencia, tiempo. Hoy ya no está y tampoco lo extrañaremos. Pero lo peor es que nuestros directivos también dieron muestras de lo mal ubicados que están, y de que, otra vez, no tienen ni maldita idea de términos como “dignidad”, “lealtad”, “compromiso” y “entrega”. ¿Qué habrá pensado cada integrante del plantel cuando les dieron la noticia de que Romano renunciaba?
Aparte de que estos directivos no pudieron conseguir ¡un solo refuerzo! para la Libertadores: es increíble que una de las funciones para las que supuestamente están allí devengando seguramente un buen sueldito, no puedan cumplirla ni medianamente. Hugo Droguett se ofreció nuevamente a venir al América, y otra vez, los geniales e inteligentísimos directivos lo rechazaron, bajo el argumento “portillesco” de que el chileno “no es lo que se estaba buscando” (y éste, en una actitud como de desquite, decidió irse a donde sí lo buscaban: Atlas. Ojalá algún día se recapacite en Coapa y se traiga a un crack como el mediocampista sudamericano).
¡Carajo! ¡Que alguien me explique entonces qué diablos necesita tener un jugador para ser “lo que buscan” estos tapados del cerebro! ¿Qué “buscaban” entonces?, ¿un “tronco” como Bilos, un inútil como Saritama, un cínico como Núñez, un lisiado como Carignano, un patea-cocos como “Fantick”? ¡Explíquennos eso, señores directivos, a toda la afición americanista, si es que es verdad que les importamos un poco!
Ojalá con la clasificación a la siguiente ronda libertadora, nuestros flamantes directivos ahora sí se pongan las pilas y se consigan los refuerzos necesarios para hacer un mejor papel en el torneo, pues ya vimos que Federico Higuain (salvo chispazos) y el “Súper parásito” Richard Núñez no aportan mucho al equipo. Estamos hartos de malas decisiones, de cobardías, de medianías, de mediocridades, así que, señores, es hora de sacarse la espinita que tienen clavada entre hígado, riñón, bofe y esternón.
El revulsivo que ha significado el “Cabezón” Luna me llena de satisfacción porque me da la razón en dos aspectos que yo he comentado en esta página: uno, que la persona indicada para dirigir los destinos azulcremas debe ser alguien que sepa de haber vestido la playera, que conozca lo que era jugar a tope, lo que era vencer la adversidad, que haya vivido gestas heroicas, que las haya transpirado… de otra manera es muy difícil transmitir eso a sus pupilos. Lástima que para llegar a esto se haya pasado antes por la negrísima etapa de Romano y que se haya humillado a una persona noble y americanista como el que más, como Daniel Brailovksy.
Número dos, que critiqué a Rubén Omar porque siempre enarbolaba pretextos y argumentaba que quería “tiempo” para darle forma al equipo y entonces entregar resultados, hasta fue tan cínico de responsabilizar al “Ruso” por su propia ineptitud. Tiempo tuvo de sobra, fueron poco más de dos meses que se le esperó pacientemente, y jamás supo cómo amalgamar a las Águilas, conjuntando a los que tienen excelente nivel (Salvador Cabañas y Guillermo Ochoa), con los que están bien a secas pero pueden mejorar (Juan Carlos Silva, Alejandro Arguello, Enrique Esqueda, Oscar Rojas), para que apoyen a los que de plano necesitan comer frutas y verduras (y ponerle algo más) para merecer alinear. Llegó Luna, y en pocos días, le enseñó lo que es dirigir, conjuntar un plantel, y ante Flamengo le propinó una cátedra de táctica que ojalá que el argentino la tenga bien presente el resto de sus días. Así, se confirma que no es con tiempo cómo se arma un equipo, sino con conocimientos, con sabiduría, con espíritu.
¿Qué va a pasar ahora?, son las preguntas que atormentan mi nuevamente orgullosa alma americanista. ¿Hasta dónde llegaremos en la Libertadores?, ¿se traerán refuerzos o se seguirá pensando después del “maracanazo” que con lo que tenemos podemos seguir adelante? Pero sobre todo: ¿la actuación de Luna al frente del equipo, en tan poco tiempo, lo hará merecedor a ser nombrado como nuevo timonel para el siguiente ejercicio?
La lógica diría que sí, pero Coapa es el reino de lo impensable. Cualquier cosa puede pasar, aunque como ya Carlos Bianchi dijo que no a la banca azulcrema, se abre una puerta para el “Cabezón”, porque el “Virrey” era el más viable para venir. La sensatez debería imperar por una vez en nuestro club y tomar la mejor decisión.
Ojo, señor Emilio Azcárraga Jean, ojo, señores directivos (los que están y los que van a venir), entiéndanlo de una vez: para manejar al América, en la banca y en el escritorio, nadie mejor que los americanistas. Ahí están muchos todavía, como hasta hace unos días estuvo el propio Juan Antonio, esperando una oportunidad.
El lunes por la noche platicaba con mi hermano y me decía que era injusto que alguien tan americanista como el “Cabezón” recibiera una oportunidad tan grande en un momento tan caótico como este, que lo justo sería brindársela en otras condiciones, más propicias. Le dije que tenía razón, pero que con tal que hubiera un americanista nato en la banca, no importaba la situación. Además, agregué medio en broma y medio en serio, “en una de esas Luna remonta el marcador en Brasil y entonces sí pone a pensar a los directivos sobre qué decisión tomar”.
Mi hermano se empezó a reír y como que me tomó a loco. Realmente ni yo lo pensaba completamente en serio, pero sí estaba seguro que el equipo iba a morirse en la raya e iba a caer dignamente. Y lo he dicho siempre: no es que quiera a un América invencible, que gane todos sus partidos, no, eso es imposible. Solo pido un equipo que juegue con amor a la camiseta, que se entregue, que juegue a algo, que se “muera” en la raya y dando todo.
La noche del juego andaba en la calle, pero comprando unas cosas en una tienda vi el primer gol, el de Cabañas, y me dije: “bueno, ya vamos ganando”. Llegué volando a casa y encendí la TV y conforme transcurrían los minutos pensaba: “estamos dentro del ‘presupuesto’ de Luna, terminar ganando el primer tiempo”. Pero al 38, en una gran jugada conjunta de tres jóvenes americanistas de pura cepa (Arguello, Silva y Esqueda) se consiguió el 2-0. Ahí sí empecé a pensar que la hazaña podría lograrse, puesto que además se veía orden atrás, salvo pequeños despistes de los mismos de siempre (“Gringo” Castro e Ismael Rodríguez, porque Diego Cervantes ayudó más estando afuera que adentro).
Ya entonces me decía: “si quedan así, va a ser una excelente victoria, para cerrar dignamente, a lo América, no con ridículos”. Pero finalmente, en el segundo tiempo se completó la obra, Cabañas logró el 3-0 y todo era cuestión de aguantar. Sufrí como hacía tiempo no lo hacía en un partido del América, mi esposa se burlaba de mí porque estaba de pie justo frente al televisor, ¡quería entrar a rajar la pelota a la playa de Río de Janeiro! Me hacía tanta falta vivir un juego así, sentirlo, sufrirlo, disfrutarlo, gozarlo, y creo que como a mí, a muchos de los que estarán leyendo esto les habrá pasado algo similar.
Siento esto como una reconciliación con mi americanismo, necesitábamos sonreír, gritar los goles, esperar el silbatazo final para festejar, ya estábamos hartos de encogernos en el sillón contando los goles del rival y perder la cabellera por los errores de nuestros jugadores. Ya antes de dormirme, pasada la adrenalina, me decía: “¿por qué si es tan fácil revivir el americanismo, los directivos, los que manejan el pandero, lo hacen tan difícil?”
Dicen que ya es un hecho que llega Michel Bauer (ejecutivo de todas las confianzas de Emilio Azcárraga Jean) a la presidencia, y que como director deportivo será nombrado Alberto García Aspe. Si me preguntan qué opino de estos movimientos, a reserva de comentarlo más a fondo en el siguiente artículo, les diré de entrada que me decepciona que se siga la vieja fórmula del amiguismo para este tipo de designaciones, en el caso de Bauer, y de despreciar lo auténticamente americanista, en el caso del ex jugador.
Pero mientras Romano nos haga bueno el pronóstico en ausencia suya (eso de ser campeones de la Libertadores), podemos soportar cualquier cosa…
Javier Antonio Gordillo Pérez
javier_gordillo2004@yahoo.com.mx
| PERFIL DE JAVIER ANTONIO GORDILLO PÉREZ |
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Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 13 de octubre de 1965.
Egresó de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación, del Instituto de Estudios Superiores de Oaxaca (IESO), en 1990.
Se ha desempeñado ininterrumpidamente desde hace 17 años en medios de comunicación (prensa escrita, radio, televisión e internet) de Oaxaca, Chiapas, Coahuila, Tamaulipas y el Distrito Federal.
En periódicos y revistas ha sido reportero, jefe de redacción, editor de sección y subdirector.
Ha ocupado cargos también en oficinas de comunicación social de dependencias gubernamentales como el IFE y el CONAFE.
Ha tomado cursos y seminarios sobre su carrera desde 1988, en diversas partes del país y en Sudamérica (Venezuela y Costa Rica).
Desde mayo de este año funge como vocal en la Asociación de Comentaristas Deportivos de Chiapas (ACODECH),
Actualmente produce y conduce "Domingol", en televisión, en Megacable Canal 7 de Chiapas, y "Gol a Gol", en radio, en www.blueradio.com.mx, ambos programas dirigidos a la afición futbolera.
Colabora desde noviembre de 2004 en la página www.realidadamericanista.com
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