27 03 2017 10:38:53 • Bienvenido a la única hemeroteca de los Cremas a las Aguilas, desde 1997

prox partido vs 12 VS CLS 2017 RIVAL rayados monterrey

A+ R A-

La pachanga de la mediocridad

  • Escrito por 
  • Lunes, 01 de Octubre de 2012 10:56
  • tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente
  • Imprimir
  • Email
  • ¡Escribe el primer comentario!
Valora este artículo
(0 votos)

Daniel Montenegro

La pachanga de la mediocridad.

Por Javier Gordillo

Para los americanistas jóvenes, de 20 años o menos, decir que el actual equipo azulcrema navega en la mediocridad les ha de parecer disparatado e injusto. Pero para quienes vivimos “otros” Américas, y sobre todo para aquellos como yo que somos exigentes y con mentalidad triunfadora (muchas veces he jugado futbol y, les juro, no me gusta perder ni en la “cascarita” más amistosa), esto que se vive ahora es un paseo por los linderos del conformismo y la medianía como pocas veces se ha dado en la historia del club.

Ricardo Peláez y Miguel Herrera pueden llenarse la boca de palabrería barata, pueden presentarse diariamente a conferencia de prensa y decir misa, pero lo que se ve en la cancha es m-e-d-i-o-c-r-i-d-a-d pura y llana, aunque nos duela reconocerlo. A mí me parece un castigo de los dioses esto, que después de haber gozado con los triunfos americanistas en los años 70 y 80, y de hasta haberme sentido orgulloso de sus derrotas, hoy tenga que aguantar –por puritito y estúpido amor– estos partidos donde las Águilas no juegan a nada, donde mete un gol y se echa atrás como vil equipito de barrio (y creo que en el llano hay más deseos de triunfo), o donde le van ganando y con grandes trabajos y esfuerzos alcanza a sacar el empatito.

¡Qué desesperante, qué aburrido es ver al América! Les juro que el sábado 22 ante Cruz Azul, me dormí poco después del gol de Christian Benítez y me desperté faltando cinco o seis minutos para que terminara el primer tiempo. Es decir, me eché un “coyotito” de casi 20 minutos, ¡algo imposible hace años!

Y me desperté solo para ver cómo el mediocre bulto de Daniel Montenegro (nunca creí poder despreciar tanto a un jugador americanista) se escondía del balón del minuto 39 al 45 –con todo y reposición– para que sus compañeros no se lo pasaran. Me quise preguntar en ese momento qué podría pensar por ejemplo Carlos Reinoso, que cuando era futbolista activo buscaba la pelota, bajaba por ella casi a su propia área para tratar de empezar a construir los avances, y siempre se metía en la “línea de fuego” para crearle peligro a los rivales.

Pero en eso me acordé que el año pasado el propio chileno tuvo el mando en el plantel y alineó y apapachó al mediocre argentino como titular durante toda su gestión. Y entonces me vino a la mente la pregunta: ¿cuál es el compromiso, de dónde viene la orden, por qué desde que llegó en mala hora esta basura futbolística a Coapa se le ha mantenido en la alineación principal, tres años completitos, sin importar que sea un vil y auténtico cero a la izquierda?

Quisiera que Peláez y Herrera fueran lo suficientemente valientes y sinceros como para explicar eso a la afición azulcrema: ¿creen que todos no sabemos de futbol y nos tragamos el cuentecito idiota de que Montenegro es pieza vital en el cuadro y que por eso alinea y además es capitán? ¡Por favor, respétennos un poco!

Por lo menos ya hubo un cambio en la estructura del club, y se dio en la presidencia operativa, donde Yon de Luisa dejó su lugar a José Romano, ex directivo del San Luis, y como tal, gente ligada de una u otra manera a Televisa. Espero que con la partida del “yuppie” que poco o nada sabe de futbol, empiecen a verse cambios sustantivos en la estructura dirigencial, técnica y deportiva de las Águilas, cambios que nos irán indicando –al cabo del tiempo­– el grado de (nefasta) influencia que tenía De Luisa allá adentro.

No exagero al decir que gran parte de la responsabilidad y culpa de toda esta etapa de penumbras que se vive desde hace por lo menos cinco o seis años, recae en el nefasto jovenzuelo que en mala hora se ganó la confianza de Emilio Azcárraga Jean y es persona de todas sus confianzas para “cuidarle” sus negocitos.

Y lo que De Luisa hizo fue desmadrar la historia azulcrema a su antojo, contratando jugadores que si se hubiera tenido 25% de seso y 25% de conocimiento del americanismo (el otro 50% se lo dejemos al azar), jamás debieron haber puesto ni una uña en las instalaciones del equipo: la lista es interminable, no tiene caso ponerla aquí, son los nombres de elementos que gracias a la ignorancia del presidente operativo y tal vez hasta a su deseo de hacerse de “lana” fácil, pudieron hacer su arribo a una de las instituciones futbolísticas más importantes del país.

¿Por qué llegaron “patitiesos” como esos a un equipo donde hace años no hubieran servido ni como utileros? ¿Por qué durante la gestión de De Luisa, aun con dos presidentes distintos (Michel Bauer y Peláez) siento que parece que el fin fuera mediocrizar al América y hasta hacerlo descender? ¿De dónde ha sacado De Luisa esa flamante capacidad para elegir lo peorcito del mercado nacional y extranjero (con sus contadísimas excepciones) y mantenerlo en el club en el que le pagan supuestamente para que lo mejore, no para que lo joda y lo convierta en la burla total?

Claro que con todo el maquiavelismo del mundo, el “yuppie” ya dejó en claro que sigue siendo “el máximo responsable del proyecto de futbol” (sic) de la empresa Televisa, es decir, la suprema autoridad de las Águilas y del Necaxa, ya que expresó que “la atención y supervisión” hacia ambos clubes “seguirá siendo directa y cercana”. Híjole, pobres Rayos, con Jaime Ordiales como entrenador y De Luisa ahí como “responsable” de su destino, los veo hundidos una década completa en la Liga de Ascenso.

Sin embargo, aún ante semejante amenaza, creo que la llegada de un rostro y un cerebro nuevo a la dirigencia del equipo puede resultar en algo bueno. Ojalá mientras De Luisa anda en Tailandia organizando el Mundial de Futbol de Salón, a Romano le “caiga el 20” de dónde ha aterrizado y haga algo para cambiar las cosas. Salvar este torneo me parece ya imposible, vamos justo a la mitad pero no veo que se pueda trascender de ninguna manera, aunque se pueden empezar a sentar las bases de una auténtica renovación ahí adentro.

En lo futbolístico poco ha cambiado el panorama de mi última colaboración en este espacio a la fecha: como conjunto, la bipolaridad sigue estando presente, e individualmente Christian Benítez continúa en su plan de divo, jugando a capricho dentro y fuera de la cancha, atreviéndose incluso a ser contestatario contra el propio entrenador (que ya vimos que poca o nula autoridad tiene ante el ecuatoriano) y –no me cabe duda- ganándose la animadversión de sus compañeros. En contraparte, como sucedió contra Monarcas, uno –por mucho que le sea antipático el “Chucho” – entiende que sin él en el ataque el equipo pierde, fácilmente, el 40 o 50% de su poder ofensivo. Así de jodidos estamos y así dependemos de él… por eso él se siente indispensable y la divina garza.

Por su parte, la basura argentina que lleva la camiseta “10” y el gafete de capitán también sigue con sus poses de súper estrella,  sintiendo que el Club América es poca cosa para su “calidad” futbolística, que la afición azulcrema no lo merece y que es un favor el que nos está haciendo al pararse en la cancha y hacer como que juega.

Lo que hizo (o más bien, no hizo) contra Cruz Azul la semana pasada y ante Morelia en esta, es alarmante, había habido partidos mediocres y desganados del parásito, pero en estos batió sus propios récords de desgano e indiferencia con el balón y la playera, y lo peor es que contra los Cementeros hasta mediados del segundo tiempo fue cuando el “Piojo” tuvo las agallas de decidir su cambio, y aún entonces el señorito argentino se sintió con el derecho de ofenderse y mostrar que habían herido su orgullo de “profesional”.

Afirma Héctor Hernández que el auxiliar Santiago Baños tuvo que contener al vividor, porque parecía querer “comerse” crudo al director técnico, situación que afortunada y desafortunadamente no se pudo apreciar en la trasmisión televisiva. Afortunadamente porque nos ahorró la vergüenza de saber que un americanista indigno hacía un show de ese calibre, y desafortunadamente porque habría “desnudado” en cadena nacional quién es este mierdoso argentino que cree que puede venir a cambiar espejitos por oro a México, como en los tiempos de la Conquista Española, y que porque dos o tres directivos y el cuerpo técnico, y algunos seudo-periodistas y aficionados despistados, lo consideran un figurón e imprescindible en el “sistema” (¿lo hay?) azulcrema, todos por igual lo vemos como un crack que apenas merecen apreciar nuestros ojos.

¿Por qué no se le sanciona, por qué no se le manda a la banca un tiempo… es más, para siempre? ¿Quién protege a ese estafador? ¿Por qué me sigue dando la impresión que no hay principio de autoridad en este América? ¿Por qué continúo pensando que De Luisa tiene mucho que ver en que se le mantenga en la alineación?

Y más viendo los criterios tan rocambolescos y jalados de los pelos que tiene el “Piojo” Herrera para operar a su plantel. No quiero ni imaginar, por ejemplo, lo que piensan los jovencitos de las fuerzas básicas al ver en los partidos la displicencia y valemadrismo del “Golfi”, ¡el capitán del equipo! ¡Vaya ejemplo! ¿Así quieren crear identidad entre las nuevas generaciones? ¡No ma… nchen!

Y luego, cómo Miguel ha manejado tan diametralmente opuestas situaciones tan parecidas como los regresos de Juan Carlos Valenzuela (un escalofrío de terror recorre mi cuerpo) y de Moisés Muñoz, después de sus respectivas lesión y accidente. Y es que el siempre inteligentísimo y cuerdo entrenador azulcrema decidió que mientras el “Torpe”, perdón, el “Topo”, regresara ipso-facto a la actividad en el torneo de Copa ante Querétaro, sin pasar por un proceso de adaptación al futbol de competencia y de exigencia  por lo menos en los partidos de la categoría Sub-20, camino que sí está haciendo recorrer al portero, si bien es entendible que éste, por su posición, requiere de medir mejor factores como tiempo/distancia.

Pero si el “Piojo” no conoce la trayectoria de Valenzuela, estamos fritos. Si no sabe que es un defensor lento, paquidérmico, corto, de torpes reacciones, que no le sube bien el agua al tinaco, entonces ¡que el Chapulín Colorado nos ampare! En una idea genial, al cuerpo técnico se le ocurre alinearlo ante Gallos Blancos y a los 20 minutos ya Valenzuela había confirmado que para el futbol está negado, pues fue expulsado en la primera jugada de exigencia que tuvo.

El caso es que con esa tontería del “Topo”, América remó contra la corriente y como tampoco tenemos jugadores de esos que definen contra reloj cualquier situación adversa, quedamos eliminados de la competencia copera, en un gran fracaso del equipo, pues las Águilas deben no solo participar sino intentar ganar cualquier torneo en el que intervenga, así sea de trompo, balero y yoyo. Lo vergonzoso es haber sido eliminados por el plantel más raquítico y medianón de la 1ª. División, cuando por mucho, aun con chavos Sub-20 en la alineación, los azulcremas son superiores a los queretanos.

Sin embargo, siempre lo he dicho: si la cabeza está mal, el resto del cuerpo no reacciona. Éste América se me hace una pachanga interna, donde por lo menos el “Chucho” y el “Golfi” hacen lo que quieren y se sienten paridos por la Gioconda e injustas víctimas de las críticas que, por una u otra cosa, siempre les llueven semana a semana.

El chiste es que ahí estamos, de empatito en empatito, hundidos en la medianía, sin alzar la cara, mientras que los dos últimos equipos que lograron el ascenso, Xolos (2011) y León (2012) están no solo encabezando el campeonato sino alegrándolo con su futbol y siendo los que mejor juegan. En una de esas, fronterizos y guanajuatenses se cuelan hasta la final y esto sería no una cachetada con guante blanco, sino una auténtica patada en los genitales para los “cuatro grandes” (América, Guadalajara, Cruz Azul y UNAM), que nomás no pegan una ni por casualidad y siguen defraudando a sus aficiones y aburriendo a todos.

Así, las Águilas continúan sin pena ni gloria en “zona de calificación” pero ¿y????  Xolos y León (equipazo, qué futbol regala cada semana) nos miran burlonamente desde arriba, con mucho menos plantel y mucho menos expectativas. Nuestro cuarto-quinto puesto estará intacto por lo menos ocho días más pero ¿y después de eso qué? ¿Esto nos asegura el título?

Viene un duelo a media semana contra San Luis, en tierras potosinas, y nada hace presagiar que podamos sacar un triunfo, quizá un empate o una derrota sean nuestro destino; y luego, el Clásico contra las Chivas, que a como vienen ellas y a como estamos nosotros, lo más seguro (y típico) es que se salde con una de esas igualadas furris que a nadie dejan contento al final, aunque previamente exista el tradicional tsunami publicitario en Televisa y algunos periódicos, y ambas aficiones se la pasen lanzándose pullas y retos idiotas, publicando mensajes y caricaturas “ofensivas” en las redes sociales, como si un equipo pudiera decir actualmente que es mejor que el otro.

América y Guadalajara, hoy por hoy, son indignos de su historia -independiente y común-, no merecen la atención que se les brinda a nivel nacional y mucho menos la devoción de sus partidarios, que seguramente asaltarán las taquillas en busca de boletos, y si no los encuentran disponibles a precio normal, serán capaces de pagar el doble o hasta el triple con tal de entrar al “Azteca” a atestiguar la “gran farsa” de la que muchos son cómplices y víctimas.

Por cierto, ¡qué pésimas entradas tiene el América como local! Un promedio de 20 mil personas es inaudito para un club que se caracterizaba por arrastrar multitudes, fuera por sus estrellas o por su futbol, o por ambas razones. Hoy, ni una ni otra. Domingos a las 4 pm o sábados a las 5, dan igual. Que sea un equipo sólido, ganador y espectacular, y la afición asistirá así lo programen como local los martes a las 7 am.

Mejor le paro, pues desahogarme escribiendo la realidad americanista en este espacio que amablemente me brinda mi amigo Héctor, me deprime, me amarga y me frustra.

Sonriamos mejor, con el pilón, como dijera la estimada y respetada Mónica Da Silva,  ya que nos queda el festejo alegre y fresco del gol americanista, hasta en dos tiempos, ante Morelia, que denota el entusiasmo y la camaradería de sus participantes: primero, el abrazo efusivo y de unión entre los tres jugadores que, para mí, representan el futuro del americanismo solo si los próximos directivos y cuerpos técnicos los dejan “sueltos” y permiten que exploten toda su capacidad: Raúl Jiménez, Diego Reyes y Martín Zúñiga; y segundo, la celebración tipo “futbol americano” entre el portero suplente Carlos López y el propio “Rulo”, lanzándose como receptor de un imaginario ovoide en la línea de banda. Me acordé de los festejos chispeantes de Cuauhtémoc Blanco  con compañeros y amigos como Isaac Terrazas o Víctor Salas (como aquel de las “banderillas de torero” en un Clásico contra Chivas en el ’99), o bien de la “Macarena” que bailaban Joaquín del Olmo y Kalusha Bwalya.

Un último suspiro y me despido…

Correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla / Facebook: Domingol Chiapas

Pablo Torres

www.REALIDADAMERICANISTA.com

Más en esta categoría: Sin goles no hay paraíso »

Deja un comentario

Make sure you enter the (*) required information where indicated.
Basic HTML code is allowed.

Login

Register

*
*
*
*
*

Fields marked with an asterisk (*) are required.